jueves, 7 de junio de 2018

Marx, terra ignota

Conversando en discurso giratorio sobre el Bicentenario de Marx me encuentro dentro de un bucle en el que la figura del pensador victoriano se multiplica en un juego de espejos donde su vida y obra se desdoblan.

Que si el joven Marx y sus manuscritos, publicados a 50 años de su muerte, que si el Marx maduro, roedor impenitente de los libros azules y así otros azogues registradores.

Más tarde, veo como el personaje se desdibuja o es borrado por eslabones mediales epigonales.

Althusser, el principal traficante de sueños.

Marx, opio de la militancia marxista, con la Harnecker como camellito de menudeo en pequeñas dosis.

Así en estas idas y venidas, me formulo unos interrogantes sobre si el gran pensador no será una vasta terra ignota, en la que la abundancia de pisadas impide observar las huellas primigenias para dar alcance a la captura de lo más sutil, las ideas, vestidas, desvestidas y travestidas por tanto turiferario.

Tal vez en amical convivio se puedan ir aventando las pavesas del pensamiento crítico, en próximas jornadas de estudio dialógico, interrogando directamente a los textos o si se prefiere interpelando con la mirada puesta directamente en la palabra.

Un Gobierno largo

En estos días se especulaba con un gobierno efímero o de transición que sucediera al Partido Popular tras el triunfo de la moción de censura, que diera paso a unas inmediatas elecciones anticipadas.

O bien un gobierno de coalición de medio alcance temporal.

O bien un gobierno de gestión monocolor, decían algunos de bajo perfil politico, como si esto último fuera posible en el núcleo duro de la arena política, el órgano ejecutivo.

Por el contrario parece que será un gobierno largo, ya lo es en el sentido de su número de integrantes, que pasan de trece a diecisiete. De perfil político elevado. Y no es un gobierno paritario sino de elevado sesgo femenino, once de sus diecisiete integrantes son mujeres.

Un gobierno para agradar.

Destacada presencia del Poder Judicial, también para contentar.

Asimismo con un claro mensaje de intransigencia política en la cartera de Exteriores, a tenor del nombramiento de Borrell, un duro con las aspiraciones independentistas catalanas, el mismo mensaje desde Interior con el nombramiento de Marlaska.

Con la provisionalidad que otorga el juicio apresurado que dicta el momento y un apriorismo que puede ser desmentido con hechos venideros.

En políticas sociales el difícil reto de conjugar Unión Europea y dumping social con derechos laborales y Estado de Bienestar Menguante.

En conclusión, un gobierno que parece querer durar pensado para agotar la legislatura. Esta es la impresión a las pocas horas de conocerse su composición. Veremos.

viernes, 25 de mayo de 2018

Vigo, Hendaya, París 75

Aún los rayos cálidos estivales iluminaban los cielos, si bien la grisura plomiza dominaba el ambiente de la ciudad de Vigo, cuando en la vieja estación de Urzáiz, por entonces José Antonio, tomaba el tren a Irún, que haría transbordo en Hendaya con destino a París.

Atrás quedaban Jorge Mosquera y los suyos de la Brigada Político Social.

Al llegar a la Gare d' Austerlitz fui recibido por un tío materno y pronto presentado a sus amigos, en su mayoría refugiados políticos, como él mismo.

En los días siguientes encaminaría mis pasos a Impasse Guémené 10, sede de Rouge, órgano de la LCR francesa, allí me presentaron activistas vascos, gallego ninguno.

El activismo estaba volcado en los comités de apoyo a Genoveva Forest y Antonio Durán, entre otros, procesados en el interior y pronto en las causas contra Baena, Sánchez-Bravo, Garmendia, Otaegui e imnúmeros militantes. Ahí me reincorporé.

La represión incesante se multiplicaba.

La LCR, una organización postista, del postmayo, cedía en su agenda a la urgencia del colapso del franquismo. Las condenas a muerte dictadas en Septiembre del 75 detonarían inmensas movilizaciones en toda Francia y a escala internacional.

Otros ambientes postmayo frecuentados se localizaban en escenarios como la Universidad de Viçennes en el bosque homónimo o cafés como la Boule D'Or, en la Place Saint Michel, donde Agustín García Calvo tenía su tertulia. Ahí conocí a amigos gallegos como Arturo Rosendo, José Luis Caramés y Galin.

Otro lugar visitado era le Chai de l'Abbaye, donde se prolongaban tertulias que se adentraban en la medianoche.

Le Quartier Latin era una geografía urbana donde se concitaban numerosas citas y fin de convocatorias, en ocasiones campo de batalla de grandes enfrentamientos entre manifestantes y CRS.

La resaca primaveral sesentayochista dejó lecturas, debates e intervenciones que pretendían refrescar el repertorio de la izquierda o rescatar proscritos disidentes.

Entre novedades y rescates los situacionistas Guy Debord o Raoul Vaneigem y su Tratado del saber vivir, la sociedad del espectáculo y la crítica de la vida cotidiana frente a los grandes sistemas filosóficos y titánicos y tiránicos proyectos históricos.

Los consejistas Anton Pannekoek y Karl Korsch frente a los aparatos estatales y de partido. Otras influencias, Castoriadis-Paul Cardan, con algunos textos traducidos y publicados en Ruedo Ibérico. También nos acompañaba Rudi Dutschke. O el esquizoanálisis de Deleuze y Guatari.

En aquel año 75, en la encrucijada postmayo-muerte de Franco, para algunos comenzó el punto de no retorno o de retorno o de eterno retorno, tiempo cíclico y anticíclico.

martes, 22 de mayo de 2018

Rúa de Santiago, de los catorce bares

En la semana pasada me llegaron noticias del fallecimiento de Antonio, propietario del bar Tapitas en la Rúa de Santiago.

Lo recuerdo en mi infancia de los años sesenta con sus trabajos de soldadura en los bajos del número 13 de la citada calle, como así me lo confirma Fernando Rosendo, residente también por los sesenta en el mismo número.

Con la muerte de Antonio se da la desaparición, probablemente, del último nacido en la Rúa de Santiago que permaneció, hasta consumir las últimas horas de su existencia, sin abandonar tan emblemática vía de lo que hoy algunos denominan casco vello alto, nomenclator inexistente para los que aún disfrutamos una infancia de juegos en el Campo de Granada.

Del mismo modo Antonio, persona amable y entrañable, ignoró el significado de gentrificación e insinuaba sonrisa cómplice de un cierto desapego añoso, si bien apreciaba el retorno a la vecindad de algunos pocos como Xabier Romero y su iniciativa editorial con nombre de fémina Elvira.

La recuperación de la memoria de los relatos de la Rúa, aún no siendo lector, la apreciaba.

En largas conversaciones de los últimos años, la Rúa de Santiago que compartíamos era una ya fenecida, llena de vida y travesuras infantiles y sobre todo la calle que él nombraba de los catorce bares.

Yo recuerdo algunos menos pero casi.

Empezamos por la mano izquierda, ascendiendo del Paseo de Alfonso hacia Cachamuiña, el que llamaron el Bernabeu por reunir peña madridista y taurina, frente al chafarís; el estanco de Manolita, que blasonaba de viuda de legionario, donde hoy hay un bar; a continuación el que sería A Terra Nosa, le seguiría el bar Caracas del estradense Manolo Rivadulla y su mujer Remedios, inmediatamente O Val Miñor, de cuya procedencia de lugar concreto indeterminado era el padre de Antonio, le sigue Casa Jaime y su mujer Concha, en el bajo del número siete. Un poco más arriba el bar Cristalera, a continuación la tienda bar de la señora Carmen, donde despachaban espirituosos y chatos de Sansón.

Seguimos ascendiendo y encontramos Casa Otero, oriundos de la comarca orensana del Ribeiro al igual que el antes mentado Jaime. Un poco más arrriba, finalizando la calle por la mano izquierda, dando cima a Cachamuiña, todavía un par más.

Por la mano derecha, también en sentido ascendente, son algunos menos.

Empezamos por el Tres Ventanas, dudo de si de Balbino o Albino, igualmente de origen en el Ribeiro, para continuar con el reseñado Tapitas y vamos a cerrar con el Bodegón, que en algún tiempo, allá por comienzos de los ochenta, regentó a su vuelta de Suiza, Eloy Arza, quien más tarde pondría Mesón en la calle Alvaro Cunqueiro.

Echen la cuenta si los números se  aproximan a las catorce bares, como decía Antonio, o al menos la docena. No andarán lejos.

Para despedir su memoria quiero juntar su nombre al de Verísimo quien también abilló en el Tapitas allá por los setenta, retornado de Portugal, y con habilidades de ilusionista.

Buen viaje, amigo Antonio, la Rúa, de cada vez más gentrificada, queda huérfana de ti.

lunes, 23 de abril de 2018

A Roda

Allá por los setenta era rutina el caernos por bares y tascas al atardecer y mezclar los olores y sabores de los vinos con las notas del canto.

Era la llamada canción de taberna.

El hecho de criarme en una calle de bares por los sesenta, incluso vivir en un segundo encima de un bar, permitió que mis sueños infantiles fueran acunados por los cantos de ida y vuelta, las rumbas y habaneras, y algunas otras canciones traídas del repertorio de las corales en lengua gallega, así negra sombra que me asombras, unha noite na eira do trigo, o vivir en Vigo que bonito é , la bella lola y así iba encadenándose un repertorio que ya me resultaba familiar.

Eran voces de marineros y gentes de la coya que traían su lote o quiñón a venta en la madrugada o mediante trato lo dejaban a cambio de que les cocinaran sus raciones con vino incluído.

El acompañamiento instrumental era una improvisada percusión que aportaba la base rítmica y si acaso el lamento o plañido de una armónica que arrastraba sus notas en lo alto de la madrugada, con aires de blues a la gallega, como la caldeirada que les preparaban.

De esas métricas, modos, maneras y gustos heredó A Roda, grupo de canto incubado en ese útero tabernario, impulsado por los hermanos Suso y Luis Vaamonde, que lo llevaron a los estudios de grabación y a los escenarios, proyectándolo a los mundos trasatlánticos de la emigración.

Sus cuarteles de invierno fueron A Viuda, a la cual dedicaron una canción, y As Chavolas.

De sus primeros integrantes recuerdo a los hermanos Fito y Luis, a los Pitucos, Cabaleiro, Manolo Piña, Ricardo y por supuesto al anteriormente citado Luis Vaamonde, alma del grupo junto a la voz inusualmente grave de Fito, que llegó a aportar la definición de A Roda, su carácter más permanente.

El pasado domingo na Brincadeira de Bouzas hacía recuerdo de estos fragmentos de memoria en compañía de mi amigo Senen Vaamonde, el más joven de los hermanos.

Hoy, una Roda remozada, de la mano de Alfredo, hijo de Fito, ameniza los seráns gallegos.

Larga vida A Roda.

Munipas a la búlgara

Me encontraba, un tanto accidentalmente, en el día de ayer en Bouzas en horario vespertino, cuando subido a un palco aparece la enésima manifestación ubicua del primer regidor con una de sus habituales arengas de descamisado viguismo.

Uno, que es vigués por todas las costuras, sintió en el arrecendo del mecer las ondas del mar boucense la evocación del inefable Leri y su localismo de ribera, más bien de bajamar en la playa.

Qué hacía aquella figura gesticulante y vociferante en el solpor de la villa?.

Desde luego, no colleitar croques sino marisquear votos.

Variadas son las teorías que hacen mención al liderazgo político, en su mayor parte con denominador común elitista. La teoría del caudillaje o el führerprinzip entre ellas. No parece ser este el caso. También se pueden tratar, cuando menos analíticamente, algunos casos particulares desde la psicopatología, por ejemplo, un narcisismo patológico.

Pero en la circunstancia de un sistema electoral relativamente competitivo y abierto, cuando no excesivamente mediatizado mediante la subvención y la sustracción de la libertad o concurrencia litigante, lo que se busca es la optimización de las expectativas electorales.

En Vigo hay una mayoría absoluta más un resto o sobrante de tres concejales sobre esa mayoría. El único paso incremental en esos guarismos sería en dirección a una mayoría a la búlgara, pasando de irrelevantes a residuales los dos grupos de la oposición, a los que podría acompañar un tercero a partir del próximo año, de tener entrada el BNG.

Desde luego que esto no tiene porque resultar fatídicamente así. No está escrito en las tablas de la ley mosaica ni en ninguna otra. Paro va camino de serlo por incomparecencia y en ocasiones incompetencia de los dos grupos de la oposición.

A no ser que que el Celta le cuele un gol por la escuadra a la Alcaldía en este derby casero. Entonemos A Rianxeira.

jueves, 19 de abril de 2018

Bicentenario en Tréveris

Leo que la ciudad alemana de Tréveris se apresta a la celebración del bicentenario de su hijo más ilustre, Karl Marx, con la emisión de un billete de curso no legal de cero euros.

Sin duda inmortalizar a Marx en papel moneda o emisión filatélica no es novedad, alguno de los pretéritos estados socialistas así lo tenían hecho. Pero la ironía reside en que una divisa capitalista así lo hiciera, de no ser por tratarse de un papel no respaldado por banco alguno, un mero souvenir turístico de su ciudad natal.

En los 200 años transcurridos del natalicio de Marx la transición del capitalismo al socialismo ha sido revertida y esto posibilita la mercantilización de su nombre e imagen, incluso que sus compatriotas se olviden o perdonen la partición de Alemania, más o menos 45 años, entre un estado socialista y otro capitalista.

Hoy Marx, más que tener seguidores o detractores, es una figura de culto para estudiosos, eruditos y críticos. Más allá de lo anecdótico del bicentenario que redundará en la economía de Tréveris, como reclamo cultural y turístico, ha de esperarse una producción bibliográfica y de celebración de actos de reseña y recuerdo.

Probablemente pocos sean actos de estado. Y aún menos en Alemania. Pasaron los grandes fastos y la parafernalia gimnástica de los tiempos idos en los que la efigie de Marx se integraba en el panteón de los santos laicos.