martes, 23 de mayo de 2017

Alcalde Susanista.

Se puede decir que tenemos en Vigo un ferviente alcalde susanista, derrotado en las urnas de su Agrupación de Partido. Esto, para quien presume de invicto y que invocó su apoyo a la candidata derrotada en su presunta cualidad de ganadora nata no deja de ser algo más que un error de apreciación o presunción. Y así  porque una cosa es ganar elecciones a golpe de presupuesto y propaganda y otra mucho más elocuente es que no te quieran en casa, en tu partido. Máxime cuando el partido ha sido feudalizado, clientelizado, capado, purgado, estalinizado, y esto último más allá de la licencia retórica que concede la metáfora. Vigo está gobernado en su núcleo duro por una camarilla tránsfuga del PCE carrillista, ex burocracia sindical, con pobres aliños de sal y pimienta, izquierdilla garbancera y poco más. Esto contribuye a explicar la escuálida oposición que le hace la Marea, pues son cachorros de la misma camada. Al frente de la amalgama dirigente, un capitán de los teatrillos ambulantes   de la cachiporra,  ejerciente de cesarismo de opereta bufa. Pero claro, la alquimia de la propaganda untuosa torna la ganga en noble metal de mucho quilate. Poderoso Caballero es Don Dinero. El caso es que el PSOE vigués se insubordinó con urna y voto secreto y esto sí que es una Moción de Censura. A la postre y si le dejan no les cuento como va a dejar la ciudad el Alcalde pero si como va a dejar el PSOE cuando se retire de escena. Hecho unos zorros. El caudillismo de oropel, el show business de la política a cargo del Presupuesto dejará en su momento una gran resaca, en su doble acepción marítima y etílica. En la resaca marítima aparecerán los cadáveres de este tiempo, pues la mar es mala sepultura. Y disipados los vahos de la borrachera se verá que todo fue un sueño. Vigo, un barco a la deriva o tal vez un barco varado en una rotonda. Muerto y momificado, museificado. Ah!, y lo importante no es que haya ganado Pedro Sánchez. Antes de que haya cantado el gallo habrá renegado tres veces de su izquierdismo cosmético de quita y pon, como Pedro se llama.

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