Se recortaba tras la figura de Mandel la sombra espartakista de la inenarrable Rosa Luxemburgo, apátrida revolucionaria. No obstante, el derecho de Autodeterminación de las Nacionalidades ondeaba en el pináculo de la teorética y pragmática luxemburguistas, que a efectos de las naciones sin estado aherrojados por el Estado bonapartista franquista ( Galiza, Euskadi, Cataluña, Canarias) resultaba emancipadora. La alternativa más depurada ponía su divisa en el frontispicio del constructo neocolonial ibérico y europeo. De ahí la consigna en favor de la Unión de Repúblicas Ibéricas, junto con Portugal, dentro de unos Estados Unidos Socialistas Europeos.
Algo que tal vez introdujo un cambio cualitativo en la militancia troska fue su carácter netamente anticapitalista, de clase, bajo las condiciones de dominación fascista. Al tiempo la afirmación del sujeto histórico, el proletariado, y su vanguardia dirigente ante la maduración de las condiciones objetivas, materiales de un capitalismo avanzado, que no iba acompañado de las condiciones subjetivas. Transcurridos más de 50 años la resolución del problema de la dominación del capital sobre el trabajo o el derecho de Autodeterminación de las Nacionalidades siguen pendientes.