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domingo, 1 de noviembre de 2026

Muertos Vivos

El calendario, el cómputo de días, nos lleva cada vez con mayor frecuencia a señalar alguno particularmente como celebración ritual. Así ocurre con los difuntos. Pero esta no es una fecha cualquiera, un día más en el año. Aparte de su ligazón con la dimensión cósmica, astronómica, ciclo estacional: vida, muerte, resurrección, tiempo cíclico, hay una mensura más intrahumana. 

Observemos. Es la noche de los fieles difuntos Pongo un a modo de altarcito a mis fieles difuntos, padre y madre, presidida por una foto de estudio con sus galas nupciales, custodiado por dos cirios, rojo a su izquierda, blanco a derecha. La casa queda a oscuras sugiriendo recogimiento. El titilar o parpadeo de la luz de las velas se proyecta difuso, trémulo, espectral en el pasillo, creando la ilusión de movimiento, vida. Muertos vivos. 

Algo más me inquieta, confunde y consuela. La idea de que la vida es la comunión de vivos y muertos meciéndose en el regazo del tiempo. Esa comunidad o comunitarismo trascendente, puente de paso entre las dos orillas de la laguna le da sentido al sinsentido azaroso del pasar los días y le brinda entrada y retorno, billete de ida y vuelta a nuestros deudos. Ese tributo de gratitud, pues se provoca, invoca, convoca la aparición, crea el primer nexo religioso, la repristinación de lo primigenio. El culto del domus a lo genesíaco. El primer culto a los dioses lares. Nuestros antepasados, que nunca acaban de pasar. Que SIEMPRE vuelven añosos.

 Tiempo de Infamcia. Útero del que nunca se amanece. Água y Oscuro. Vida y Muerte de la mano. De la mano, girando la danza del Tiempo con las cabezas vueltas y la mirada en el Infinito. 

XUR O'PONTILLÓN