Hay una forma jurídica que permite sortear el cauce aparentemente forzoso de la fórmula partidaria, la Agupación Electoral. Algo así me gustaría ver en mi querida ciudad natal, Vigo.
De no incurrir en error la única ocasión en que se dió este supuesto fue en las elecciones de 1979, primeras munipas de la democracia, con la Agrupación Electoral Galicia Ceibe, encabezada por el catedrático de Filosofía del Instituto Nacional de Enseñanza Media Santa Irene das Travesas, Leonides de Carlos y Ardanaz, navarro de cuna.
En aquella candidatura participaban buenas gentes honestas y capaces, como Pousada Covelo, Ricardo Castro Pereira, Rufo Pérez o Xosé Luís Méndez Ferrín. Muy modestamente algo colaboré en esa tentativa.
Desde mi perspectiva el municipalismo es la escuela de base de la política en la que pueden encontrar cauce gentes inquietas con sensibilización social. Es en este escenario en el que se pueden conectar luchas sociales, reivindicación con representación política institucional. Quizá espacio para una radicalización ( raíz) de la democracia. Por supuesto cabe acudir a la vía rápida, un tanto expeditiva, de la participación a través de la inscripción de un partido político registrado con el propósito ad hoc de concurrir a las elecciones locales viguesas.
En ambos supuestos lo más interesante fuera debatir las cuestiones más urgentes pendientes de nuestras vidas en su dimensión comunitaria o si se prefiere decirlo el mínimo común o programa mínimo que por serlo resultara el de más amplio espectro.
Habrá que recordar que Vigo tiene una cierta tradición diversa de candidaturas de variado signo concurrentes a elecciones municipales.
Decía antes que las munipas son como la escuela primaria de las primeras letras de la política, aunque con gran ángulo o apertura al mundo. Siempre sentí mayor gratitud y cercanía por los maestros de primera enseñanza que por la pedantería académica de las presuntas élites del ruido y el neologismo tecnicista de algún sector de la enseñanza superior y asimilados.
Palabras claras con la frescura del decir. No discursos redichos, resabiados. Así, machadianamente. Al decir de Lázaro Carreter, la palabra como dardo, proyectado a la diana de los corazones insumisos.
El municipio como patio de vecindad o corrala donde se proclama el canto coral de las voces del NO :
NO a las rutinas
NO a las inercias
NO a los que se encaman en la molicie promiscua del cargo que nos cargan.
Entre el NO y el SI, un Quizás, Tal vez o Por Si Acaso
Alguien se Atreviera...