lunes, 20 de diciembre de 2021

Proa al 2022

Estamos metiendo la proa en el año 2022. Tal vez fuera el momento para desandar los pasos de este año que acaba, pues de lo que nos pueda deparar el año que entra él mismo lo dirá sin necesitar que lo anticipemos, caso que pudieramos, en un mundo tan volátil y de contornos imprecisos. 

A cada día con su mal le basta, reverso de aquella otra expresión más epicurea o tal vez hedonista del carpe diem.

 En este desandar de la memoria, decía, tuvimos que soportar el transcurrir de las horas golpeando pesadas con la tabarra de numerosas advertencias que sonaban al aviso apocalíptico de la extinción de la especie sino atendíamos a las prescripciones de la autoridad política y sanitaria, tal vez ocioso diferenciarlas o redundante enunciarlas. 

A uno le gustaría vivir con la relativa despreocupación, que no era mucha, anterior a la trompetería pestífera. Que la autoridad se preocupara menos de uno y que sus voceros fueran menos también. A mi modo de entender padecemos una verdadera pandemia, una hipertrofia administrativa y de regulaciones. Una hipertrofia del miedo. 

El poder siempre ha utilizado el terror como escenario hipotético, presentado como cosa cierta y sabida, para legitimar su dominación. Hobbes en su Leviatán nos lo presenta palmariamente. Un pacto social fundante primigenio para salir de la pesadilla del estado de naturaleza o algo así. Ahí nace el mito progresista que juntamente con el gobernante filósofo platónico marida el rico elenco de las distopías. 

La normalización de este 2021, errática y todavía incompleta, estatuye un intrusismo incómodo e invasivo de nuestras vidas por una alteridad un tanto alienígena que va devorando la entraña de vida. 

El 2022 sino se nos lía más el palangre tal vez desmienta o corrija algunas de las tendencias más perversas del miedo y las gentes vayan asomando al menos las rojas crestas de la insumisión y así salvar las cabezas pensantes, hoy cráneos jibarizados por las propagandas admonitorias de la solución final, de este milenio breve a paso apurado que se avecina.

 Ergamos los estandartes de las cohortes goliardescas trashumantes frente a los rebaños sedentarios estabulados, alcemos nuestras copas de vino y canto por el 2022. In vino veritas, donde se mecen los versos polifónicos de la marcha polvorienta de los caminos sin ley. 

Escrito en el año Kropotkin y por frente a la proa, las Islas. 

sábado, 16 de octubre de 2021

Marcela de Juan

En septiembre de 1976 se produce el deceso del Presidente de la República Popular China, Mao Tse-Tung, apenas diez meses después del fallecimiento del general Franco.

 Por esas fechas, al aire de una cierta permisividad gubernamental se posibilitó la presentación en Madrid de una Asociación de Amistad España-China, que no sería la única existente, ya que detrás de cada una de ellas se encontraba alguno de los llamados partidos maoístas, fundamentalmente PTE y ORT. Es en el cartel anunciador de tal acto que recibo noticia, muchos años después, de la existencia de Marcela de Juan, de la cual a ningún efecto tengo constancia de que fuera de ideología marxista o próxima.

En aquellos años una parte de la izquierda española e internacional se definía maoísta o prochina, crítica con lo que denominaban socialimperialismo de la URSS y el revisionismo de la era Jruschev, iniciado en el vigésimo congreso del PCUS celebrado en 1956, plasmado en el denominado informe secreto, no presenciado por las delegaciones internacionales invitadas y parcialmente revelado al conjunto de la sociedad soviética. Inscritos en esas coordenadas se desarrollan los antecedentes de esa fracción de la izquierda que mencionamos, un sector del escindido movimiento comunista internacional, el prochino.

 Ya con el tránsito de Mao se desata una lucha de poder alrededor del grupo de Shangai, denominado de los cuatro. 

Tras estos previos vamos a detenernos en la única mujer interviniente en el acto de presentación de la asociación que nos ocupa, Marcela de Juan. Anteponer a su nombre el bien ganado título de intérprete y traductora de la lengua China por una singular posición personal en la intersección de las dos culturas, española o tal vez convenga mejor decir hispana y china. Marcela de Juan, hija de mandarín de ocupación diplomático y madre belga de ascendencia española nació en Cuba en 1905. Antes de cumplir un año se trasladó a Madrid con su familia.

 Vivió entre China y España, lo que añadió a su estudio en los libros el sentimiento de la vivencia. En el pasado siglo, coetánea del sinólogo jesuita de Munguía, Carmelo Elorduy, ambos enseñoreando el paisaje despoblado de la traducción de la lengua China al español. 

En 1962 Marcela de Juan publica en Revista de Occidente Segunda Antología de la Poesía China, reeditada en 2007 por Alianza Editorial, con una excelente presentación de Antonio Segura Morís. El libro es un recorrido antologado milenario por la lírica china vertida al español que arranca en el 1766 a.C. hasta la República China en el pasado siglo, con algún poema de Mao incluido. Acompaña un anexo biográfico de los autores poetas antologados. Esta breve reseña del libro citado puede orientar a iniciarse en el extenso trabajo intelectual de traducción de Marcela de Juan, merecedora de más amplia exploración, que incluye este valioso recorrido por la poética china. 

Para finalizar, añadir en cuanto a traducción de la lengua china en Galicia lo que considero novedad, una escolma de 38 poemas del Clásico de Poesía China ( Shijing) vertidos al galego por María Aránzazu Luna Díaz, en un trabajo incubado en el útero sapiente de la Universidad de Vigo, en la Facultad de Filoloxía e Tradución, Grao en Ciencias da Linguaxe e Estudos Literarios. Trabajos como éste prestigian la Universidad de Vigo y merecen divulgación no sólo en el ámbito académico sino en el entorno social circundante, el variado ecosistema cultural Vigués y gallego. 

lunes, 4 de octubre de 2021

Alberto Rufo, músico y parlamentador

Quedamos donde estuviera O Novo Buraquiño, en Alfonso X el Sabio, aquel rey troveiro criado en tierras alaricanas donde aprendiera en el siglo XIII el galego portugués. En el corazón de As Travesas. Recordamos a Benjamín y O Buraco del Camiño da Seara, tan frecuentado en los sesenta y setenta por Rufo Pérez, Méndez Ferrín, Roberto Dopazo, entre otros profesores, y  algún alumnado del instituto Santa Irene, núcleo vertebrador del barrio desde finales de los cuarenta. 

El propósito de tal encuentro con Alberto Rufo, amigo y pariente, es recordar aquellos tiempos de As Travesas Big Band, protohistoria del jazz en nuestros vigos, que ensayaban en el bajo de la casa de Santi Mouriño, en la Pastora.

 Decir de Alberto Rufo su condición de músico al tiempo que hombre de buena conversación y numerosas inquietudes, en estos últimos tiempos también la expresión plástica con obra muy meritoria.  Pero en esta ocasión el disfrute de su conversa transcurrirá como río caudaloso multidisciplinar que se estrecha en el regato principal de sus vivencias musicales en torno a la  Big Band.

 La verdad es que esta columna se va volviendo angosta de más en ocasiones, requiriendo de apretar hechuras, domeñando tiempo y espacio en lo posible. Veamos, entrando al asunto por derecho.

 Travesas Big Band tiene al músico Luis Carro, fallecido, como alma del grupo y entre otros componentes a Santi Mouriño, Pedro González, Javier Jaso, Luis Lestallo y el propio Alberto Rufo, tal vez omita alguno, al tratarse de una Big, como su nombre indica. Fue sin duda pionera en eso del Jazz por los vigos allá por los primerísimos ochenta. Tal vez un antecedente pueda considerarse por calidad musical e improvisación el grupo Gandalf, nombre propuesto por Carlos Maño.

 Señala Rufo Pérez con aire tal vez autocrítico y referido As Travesas Big Band que debieron dar el paso de la improvisación a la composición. Al final de este encuentro también añade otra reflexión sobre la profesión, que se pudiera de algún modo ligar con la anterior afirmación, asegurando que el músico debe componer y hacer directos cuando pueda, sin menoscabo de actividades como la docencia o trabajos de estudio de grabación, pero priorizando.

 Más allá de su participación en grupos o encuentros musicales y ya con posterioridad a esos años 80-82 de As Travesas voy a implicarme un poco más. Había frente a la tienda de música Manrique Villanueva, en Velázquez Moreno, unas galerías comerciales. Con motivo de una exposición de fotografía de Federico Puigdevall fui a escuchar a Alberto Rufo y a Rubén Pérez en el acto de inauguración, ambas intervenciones musicales me confirmaron en la apreciación del alto valor musical de ambos músicos. En el caso de Alberto Rufo el instrumento que ejecutó en aquella ocasión fue la flauta travesera, ante la que me rendía entregado a la evocación de Ian Anderson de los Jethro Tull.

 Una última evocación jazzística en la conversación con Alberto, el pub Satchmo y su piano entre las calles Venezuela y Ecuador. También pioneros en los Vigos de los ochentayteros. Como siempre la  vida es ancha y las letras cortas, cuando menos las mías.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Marilena Garabatos

Fue en el año 1974 que conocí a Marilena en Vigo, con tres años más que yo se encontraba estudiando en Santiago, mientras en mi caso los estudios transcurrían en el instituto. Eran años de militancia política, en nuestro caso trotsquista en la LCR. Fue en un piso de las Avenidas, cercano a la actual estación de ferrocarril en Guixar.

Transcurrieron los años, muchos años, más de cuatro décadas largas. A mi vuelta a Vigo en una de esas piruetas que el tiempo nos dispensa en que el transcurrir de los años parece contarse por días, tan fugazmente pasan, se produce el reencuentro inesperado con Marilena. Creo que fue en el año 2012, con ocasión de una autoconvocatoria de la militancia de los primeros setenta que empezamos a barajar nombres y salió el de Marilena. 

En aquella ocasión en la Casa del  Libro se presentó uno de Jaime Pastor sobre las izquierdas y la cuestión nacional en el Estado, acto seguido por una cena en un céntrico hotel de Vigo. En esa momento Marilena no pudo asistir, pero si lo haría en otro acto posterior en el Café de Catro a Catro, con un encuentro cena en O Roxo. 

Sea como fuere y con teléfonos de por medio, ya a través de las redes y muy señaladamente en Facebook, se hace regular el contacto con Marilena y sus clases virtuales de las literaturas hispanas, gallega y otras muy variadas. Antes de su jubilación impartiera la docencia de lengua y literatura española en un instituto del Baixo Miño, clases muy apreciadas por su elevada calidad pedagógica.

 De las virtuales intenté no perderme ninguna. En los últimos días noté su ausencia y me inquieté. Así me entero por su pareja Ovidio del deterioro de la salud de Marilena. A Ovidio pude conocerle en la presentación de una trilogía suya en Librouro, donde también en aquella ocasión pude saludar a Nuchi. De aquella noche guardo un ejemplar dedicado con primorosa caligrafía y emotivas palabras de su obra. Acto inolvidable. 

Esta mañana me cuenta que Marilena en su confusión teclea las letras en la portada del libro Platero y yo, cual si estuviera haciéndolo en el ordenador y seguramente para ella siga publicando. Y tal vez así sea.

 Dado que hemos militado del lado del optimismo histórico y nunca hemos abandonado una batalla, nada asegura que no podamos vencer en este trance y la podamos tener de veras nuevamente publicando y acompañando a los más cercanos y a quienes la queremos.

Y lo más importante, Marilena es afectuosa, generosa y valiente. Por eso permanecemos junto a ella y esperamos.

lunes, 16 de agosto de 2021

Docencia y Presencia

Este es un artículo de gratitud y reconocimiento a Fernando G. Martín, ingeniero industrial, profesor en activo de las distintas ramas de la estadística.

 Había interrumpido durante largos años mis estudios de Ciencias Políticas en UNED Pontevedra y cuando regreso a darles fin tengo la fortuna de entrar en contacto con Fernando, quien me sería de gran ayuda para obtener mi titulación, obteniendo una buena nota en Estadística aplicada a las Ciencias Sociales. La modalidad de las clases que recibí fue presencial aunque telemática con respecto a la UNED, también en esta vertiente tuve el valioso apoyo de Fernando G. Martín.

 Voy ahora a tomar en cuenta algunos aspectos docentes de esta docencia-presencia. En una asignatura en la que pareciera que prima lo numérico, introducción de datos abstractos y lo calculístico sobre lo inquisitivo-conceptual de qué estamos tratando, así con un qué interrogativo, una dosis razonable de propedéutica a la disciplina hace al caso y no sólo como utillaje metodológico sino dialógico. Para haber diálogo tiene que haber una actitud de escucha recíproca en la relación docente- discente. Así desde los diálogos platónicos con la mayéutica socràtica como protagonista hasta nuestros días. 

En las clases de Fernando lo operacional de los datos numéricos, las fórmulas donde entran, las tablas de valores y los cálculos y destreza en el manejo de las funciones estadísticas en su mecanización, van precedidos de esquemas y advertencias de gran valor pedagógico para sortear las dificultades y errores más comunes en la materia. Pero también se dan pausas para comentar acerca del carácter aplicado al objeto de que se trata, en mi caso la Ciencia Política.

 Ahí ya más lindante en algunos casos con lo que denominamos humanidades, por ejemplo, la Historia, se vence la separación tajante entre saberes, dígase la que categorizaba antaño entre letras y ciencias. Aquí el profesor multidisciplinar consigue dotar de sentido holístico la enseñanza y sustraer de la barbarie de la especialización inconexa la tarea conjunta de la progresión en la adquisición del saber, que no sea una mera gimnasia mental o juego recreativo. 

Fernando cumple la condición de enseñante multidisciplinar y consigue orillar lo parcelario. Así cuantitativo y cualitativo se enlazan.

 En un nivel más personal diré que este tipo de enseñanza concluyó con éxito un día de septiembre en que me presenté a examen en Pontevedra y con cierta soltura, sino elegancia, conseguí hacer los números y sus lecturas, previamente ensayados en la elaboración de una PEC, en cuya gestación y elaboración conté también con la asistencia de Fernando G. Martín.

 Pienso que estos profesores que han ayudado a tantos alumnos debieran ser tenidos en cuenta por la Universidad a la hora de la evaluación. 

Finalmente diré que la médula del estudio y el aprendizaje consiste en pensar, no sólo memorizar o aprender rutinas, y pensar al modo de la representación de El Pensador de Augusto Rodin, requiere del atributo paradójico de la desnudez, pues en la tarea titánica del pensar todos estamos desnudos.

lunes, 9 de agosto de 2021

Santi Mouriño

Habíamos doblado el Cabo de las Tormentas de los setenta, yo hacía mi aparición con cierta regularidad, aunque no en mis pasos, cuando las primeras luces del alba, por la Pastora. Allí, sentado en un banco de piedra, echándose el pitillo Santi Mouriño, junto a Milord, su perro de los que llamábamos de raza loba, dándole entre compañía y protección, supongo. 

Alcanzado ese punto justo detenía mi vacilante paso y hasta contoneante andar que hasta hacía poco había sido enérgico, resuelto, como aún acostumbro. Llegando a Santi Mouriño, cercano a casa, me relajaba con su conversación, con sus palabras. Era Santi Mouriño de hondas preocupaciones, no hablaba de lo cotidiano, salvo cuando eran actualidades políticas del momento, siempre desde la lente de la izquierda que compartíamos cuando menos desde el bachillerato. Tras noches desalmadas llegar a sus preguntas e inquietudes, de esas llamadas por algunos ontológico-existenciales, por otros filosóficas o también metafísicas, me aportaba más reflexión que espanto. 

Desde luego, Santi no era un tipo vulgar, consigo llevaba la música y el gusto por las lecturas de historia. Hoy nos reencontramos después de mucho tiempo otra vez en la Pastora, en la de Óscar, en el Karby, en compañía de sus hermanos Emilio y Manuel, tras visita al cementerio de Freixeiro, que yo vuelvo a frecuentar y que me inspiran estas memorias de ultratumba, en las que me convierto en un ectoplasma autoconsciente.

 Vamos tejiendo y destejiendo recuerdos, algunos de lecturas compartidas, desandando caminos. Se nos cruzan Durruti en la Ciudad Universitaria con Leopoldo María Panero en Astorga o en La Bobia, en Cascorro, en Madrid. De Panero recuerdo  sus relatos en el libro de Tusquets, En lugar del hijo, variaciones sobre el filicidio. Nos acuden las letras de Eduardo Haro Ibars para el primer disco de la Orquesta Mondragón. 

Comentamos a salto de mata de su participación y colaboración en variadas formaciones musicales, principalmente como reconocido y prestigioso bajista, acordándonos de otro amigo también de la Pastora-Freixeiro, Javi Jaso, músico, saxofonista y voz, animador de diversas agrupaciones musicales. De aquellas en las que participó Santi, además de sus numerosos directos, recordamos sus grabaciones con La Marabunta, de todos modos en su trayectoria casi siempre fue un músico al que le interesó aportar ideas trabajando para el grupo, ya fuera improvisando. 

Muy cerca de nosotros, en las Traviesas, nos acordamos de las jam sesión de Travesas Big Banda y aquí cito a mis primos Alberto Rufo Pérez y  Rubén Pérez, también aquel disco Outeiro, de esto podremos hablar más adelante, en otra ocasión. Van cayendo las horas como hojas de otoño y nos despedimos en esa calle mayor de barrio, la Pastora, en Freixeiro, con tantas historias menudas por contar.

sábado, 7 de agosto de 2021

Taberna de Eligio, hablando de Teis

Quedo en días pasados, al mediodía, en la taberna de Eligio con los amigos Alfonso Martínez Jiménez, Carlos Meixide y José Davila. Entre vinos y tapas empiezan a fluír los recuerdos.

 Sombras amigas circulan por los pasadizos del tiempo y no sólo aquellas más ilustres que parecen dar poso y solera a la taberna como sitio de encuentro de artistas.

 Recordamos a Benito Morgade, en su papel de Bogart, con su gabardina, atendido solícitamente por Eligio en aquellos seráns de invierno, el piso lluvioso con puñados de serrín y una cunca de caldo de resistencia a los vientos inclementes de la ría que entraban por la Porta do Sol.

 Alfonso Martínez nos va conduciendo en la conversación por la historia del barrio de Teis donde su familia durante tres generaciones mantuvieron establecimientos de enseñanza. Primero su abuelo, José Martínez, tras él, su padre con Colegio Jardín y finalmente Alfonso junto con Sofía Alonso Domínguez, Centro de formación Guía, ésta hija de Antón Alonso Fontán, Antón de Meder, poeta, de las tierras del Condado de Salvaterra e Leirado, dado a los faladoiros junto a las vides, en temporada, homenajeando la lamprea.

 En este itinerario conversacional en el Eligio sobre Teis, Alfonso nos llevará por la historia de los astilleros en la barriada, hoy agonizantes, con los pespuntes finos apostillados por Carlos Meixide, vinculado profesionalmente por algún tiempo con la mar y el sector naval.

 Empezamos por Vulcano en el entorno de la playa de Espiñeiro, que comenzó como taller de construcción de calderas para trenes, su artífice Enrique Lorenzo, quien había trabajado como contable en Barreras, según nos comenta Alfonso. Otro astillero histórico fue Yarza, de origen vasco, después transformado en ASCON. Cardamiña en Ríos, según nos cuenta Alfonso, impulsado por un ex trabajador de Cardama en Bouzas, llamado José. También desde Ríos hasta A Riouxa carpinteros de ribeira haciendo su trabajo entre lo artesanal e industrial, oficio que fue menguando.

 Sin conciencia del tiempo transcurrido la conversación entre amigos llega a su fin. Abandonamos Eligio y nos despedimos en la Porta do Sol hasta un nuevo encuentro que no habrá de tardar.